LA IRA AMOROSA DE DIOS
- implapintanaolivar
- 23 ene
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Autor: Francisca Rojas Díaz
Introducción
Habitualmente oímos o leemos el concepto de la “ira” con una connotación negativa, que en la mayoría de las personas infunde miedo, pánico, temor o terror, esto quizás se deba a nuestra manera de actuar o reaccionar cuando sentimos esta emoción. En nuestro caso, la mayoría de las veces, la experimentación de la ira tiene que ver con un impulso reactivo a una situación que nos provoca malestar, en la que no siempre hay una evaluación racional u objetiva sobre lo que se está viviendo, llevándonos a reacciones desmedidas que se salen de control y con ello consecuencias, que van desde malos ratos hasta daños graves hacia el objeto o persona que desencadenó esta reacción.
Por ello, al escuchar que la ira es uno de los atributos comunicables de Dios, y pensar que esto sea algo que tenga una connotación positiva, incluso que podría tener como uno de sus adjetivos el ser amorosa, sorprende y hace que surjan algunas preguntas: ¿Tienen algo en común la ira de los seres humanos y
la ira de Dios? ¿Qué enciende la ira de Dios? ¿Puede existir una “ira amorosa”, siendo la ira y el amor emociones y sentimientos, aparentemente, tan opuestos?
Uno de los libros de la Biblia en que se puede ver reflejada la ira de Dios es el del profeta Nahum, el que será una base junto con otros textos para intentar, de manera sencilla, dar respuesta a lo planteado.
La historia de Nínive
La ira encendida de Dios la podemos encontrar en varios ejemplos en la Biblia, en este estudio me detendré en el caso de Nínive, ciudad sobre la que hubo dos profetas que tuvieron la misión de llevar un mensaje de parte de Dios en diferentes momentos, con objetivos distintos y resultados opuestos. El primer profeta fue Jonás alrededor del año 785 a.C. y el segundo fue Nahúm, cerca del año 630 a.C
Nínive era una ciudad ubicada en orillas del río Tigris, frente a la actual ciudad de Mosul (norte de Iraq). Fue construida por Nimrod14; fue una de las capitales de Asiria. Senaquerib, su rey, amplió su tamaño, levantó un impresionante palacio, creó parques, un jardín botánico y un zoológico. En el tiempo del profeta Nahum, el Imperio Asirio había alcanzado la cima de su prosperidad y era una amenaza para todas las naciones que la rodeaban, incluido Judá.
El primer profeta que llevó un mensaje a Nínive, fue Jonás, quien debía anunciar que la ciudad sería destruida por su maldad15. Luego de una larga vuelta, Jonás entregó el mensaje y la ciudad completa se arrepintió y se volvió a Dios, quien retrocedió “del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo”16. En esta profecía se puede ver el amor de Dios, su gracia y su “disposición” a esperar y recibir de una persona o nación una actitud de arrepentimiento de su pecado; en esta oportunidad se arrepintieron todos de manera genuina, desde el ciudadano más humilde, hasta el rey, el resultado de esto fue el perdón de Dios para toda la ciudad.
El ministerio del profeta Nahúm
El segundo profeta que habla de la ciudad de Nínive es Nahúm. En su relato, volvemos a ver esta ciudad como objeto del juicio de Dios. Han pasado unos 100 o 150 años, Dios había extendido su gracia, pero la ciudad se había vuelto cruel y, lamentablemente, el resultado de la profecía fue diferente al anterior, esta vez hubo sentencia, no advertencia.
El inicio del libro del profeta Nahúm, es una descripción de cómo actúa Dios frente al pecado:
Nahum 1:1-3. Profecía sobre Nínive. Libro de la visión de Nahum de Elcos. Jehová es Dios celoso y vengador; Jehová es vengador y lleno de indignación; se venga de sus adversarios, y guarda enojo para sus enemigos.3 Jehová es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable. Jehová marcha en la tempestad y el torbellino, y las nubes son el polvo de sus pies.
Dios tarda su ira para darnos la oportunidad de volvernos a Él. La ciudad de Nínive no era una excepción, ya había sido advertida en la profecía de Jonás, ocasión en que decidió dejar la maldad y volverse a Dios, pero por lo que escribe el profeta Nahum, había olvidado (o quizás menospreciado) esa oportunidad y se había vuelto cruel. En esto, podemos comprender que si bien la ira de Dios es lenta, en algún momento se enciende para hacer justicia. En el caso de esta ciudad, había aumentando la maldad, se enorgullecían y vanagloriaban de sus malas prácticas y su forma de vida hacia sus enemigos. Algunos métodos que reflejan su maldad incluían amputaciones, mutilaciones, desolladuras, la hoguera y otras atrocidades.
Antes, Dios mostró su gracia hacia Nínive y fueron salvados de su ira, pero esta vez habían traspasado los límites. Por lo tanto, de una forma simultánea, Dios estaba mostrando su justicia y su amor en un acto de ira contra esta nación: amor y esperanza para Judá, pues su sufrimiento ha sido “visto” por Dios; y la ira y justicia contra una ciudad malvada. Fue así como, en la justicia de Dios, desapareció una ciudad de la faz de la tierra y a los ojos de las naciones, pues no sólo liquidó a sus habitantes, sino que, la destrucción fue tal que borró todo rastro de ella. De esta manera, Dios, con su gran poder, liberaba a su pueblo del sufrimiento que estaban viviendo en manos de los asirios. El Dios que había emitido un juicio severo contra la ciudad de Nínive, también estaba mostrando su misericordia sobre los que habían sido fieles, quitaría la aflicción y el yugo en el que habían estado. ¡Hubo consuelo para Judá!
Nahúm 1:12-13. Así ha dicho Jehová: "Aunque tengan reposo y sean tantos, aún así serán talados, y él pasará. Bastante te he afligido; no te afligiré más, porque ahora quebraré el yugo que pesa sobre ti, y romperé tus cadenas".
De acuerdo a algunos datos históricos, la ciudad de Nínive fue destruida por una inundación debido a unas lluvias inusualmente intensas que hicieron que el río Tigris se desbordara, con ello se socavaron los muros de la ciudad a tal grado que permitió la invasión de un ejército compuesto por persas, medos, árabes y babilonios. La ciudad fue literalmente borrada: su destrucción ocurrió en el año 612 a.C y recién fue redescubierta el año 1842 d.C.
Conclusión
A través de la historia de la ciudad de Nínive, pudimos ver la lenta ira de Dios, que da oportunidades y que traspasa generaciones si es necesario, pero si la persona o nación no se vuelve del mal camino, recibirá una sentencia de juicio expresada en una ira terrible de Dios.
Cuando pensamos en la ira amorosa de Dios, título de este texto, quizás nuestra imagen sea una actitud de arrumacos, frente a un enojo, diciéndonos “hijito no siga haciendo lo malo”; pero la ira amorosa de Dios tiene que ver con su esencia: él ES amor y todo lo que hace y cómo actúa es por esa esencia, por lo tanto, su enojo tendrá las proporciones que corresponden según su justicia, pero es porque nos ama y nos quiere rescatar. Y si bien cada pasaje del Antiguo Testamento en que esté reflejada su ira será un episodio terrible, gracias a su plan de redención y a su hijo Jesús, más que su ira justa, aplica su ira amorosa hacia nosotros por el sacrificio de Cristo en la cruz, mirándonos a través de Él.
Así como Judá tuvo esperanza en la profecía de Nahum que los rescataría del yugo de la nación, en Jesús tenemos esperanza que seremos rescatados de la ira de Dios.




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