El concepto bíblico de inspiración
- implapintanaolivar
- 15 oct 2025
- 7 Min. de lectura
Actualizado: 23 ene

Autor: Daniel Araya
Antes de introducirnos directamente hacia un entendimiento del concepto de la Inspiración, debemos entender en primer lugar que la Biblia en si existe porque Dios decidió revelarse a la humanidad de una manera especial, de tal modo que llega al punto de comunicarse con su creación portadora de su imagen y transferirle conocimiento acerca de quién es Él, cuál es su voluntad y que plan tiene para su creación. Berkhof escribe sobre este asunto, indicando que la revelación es completamente intensional de parte del ser Divino.
Debemos sostener la posición de que la teología no sería posible sin la revelación hecha por Dios mismo. Y cuando hablamos de revelación usamos el término en el estricto sentido de la palabra. No es algo en que Dios se mostrara pasivo, un mero “manifestarse” sino algo en lo que activamente se da a conocer[1].
Si entendemos que la filosofía nace debido a la falta de revelación de Dios[2], de tal modo que se intenta por medio del razonamiento lógico y a partir de la observación de la naturaleza llegar a un progreso en el conocimiento, la teología en cambio nace a partir de la revelación de Dios y más profundamente a partir de que esta revelación se encuentra plasmada en un texto, La Biblia, la cual, también desde un razonamiento lógico y a través de la observación del Texto Sagrado, se desarrolla el conocimiento teológico.
Definición de inspiración en el Nuevo Testamento.
En el Nuevo Testamento existen dos pasajes que hablan directamente de Inspiración, estos son 2 de Timoteo 3:16 y 2 de Pedro 1:21. Revisaremos ambos pasajes de manera separada para alcanzar un mayor entendimiento del concepto. Pero primero se definirá correctamente el significado de esta palabra.
Definición de Inspiración. El término “inspirada por Dios” (tehopneustos[6]), significa literalmente “exhalado por Dios” y es utilizado en el mismo sentido por ambos autores de los textos antes citados (2Tim.3:16 y 2Pe.1:21). En un sentido más coloquial significa soplar, por este motivo entendemos que es Dios quien sopla inspiración a los autores bíblicos. Raúl Zaldívar define el significado de la Palabra Inspiración y nos adelanta sus implicancias que se derivan de la aplicación de la inspiración divina.
Viene de la palabra Gr. Pneistos que significa viento o soplo, de ahí que la traducción literal de II Timoteo 3:16 sea Soplado por Dios dando a entender que la Palabra Escrita tiene un origen divino no humano, empero como Dios respeta el contexto sociocultural del hagiógrafo, su personalidad, sus virtudes y sus defectos, la definición esencial más plausible de inspiración es: La capacidad que Dios dio al hagiógrafo para escribir sin error.[7]
Aventurándonos en una primera definición podríamos decir que la inspiración es el modo en que Dios dirige a los autores para entregarse el mensaje que Él quiere que se transmita, librándola de errores propios que pueda cometer un ser humano. Pasaremos a continuación a revisar dos textos bíblicos donde se cita esta palabra.
2 Timoteo 3:16-17. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.
En el texto antes citado, se nos dice que “Toda la Escritura” Toda aquella que contiene la revelación de Dios, sin acepción, posee este atributo de ser inspirada por Dios. Cualquiera sea el tipo de revelación que contenga, posee el mismo nivel o autoridad otorgada por este atributo de la “inspiración”.
Parece un problema resuelto al incluir la totalidad de La Escritura. Sin embargo, Erickson comenta que existe un grado de ambigüedad em la primera frase del versículo, pudiendo ser interpretado el texto de dos formas. Una de ella dice: “Toda la escritura es inspirada por Dios y beneficiosa”, la otra posibilidad enfatizaría el beneficio de todas las Escrituras inspiradas por Dios. Esta segunda opción abre la puerta para que se entienda que se refiere a las Escrituras que Timoteo conocía desde su infancia. No obstante, Erickson descarta esta segunda opción ya que no le parece un texto que Pablo utilice para diferenciar clases de escrituras. Además de esto, menciona pasajes en que los textos de los profetas son igualados a la Ley y a los Escritos o Salmos, entre ellos cita: Lucas: 24:25-27; Lucas 24:44-45; Juan 10:34; Juan 15:25; Mateo:13:35.[8]
Juan Calvino considera que en este texto de 2 de Timoteo 3:16, Pablo establece dos puntos en que recomienda que su discípulo lea las Escrituras. En primer lugar, sostiene su autoridad y en segundo lugar su utilidad. Respecto del primer punto comenta:
La Ley y los profetas no son una doctrina entregada según la voluntad y beneplácito del hombre, sino dictada por el Espíritu Santo[9].
El propósito del Apóstol Pablo para su discípulo Timoteo era que supiera del objetivo de la inspiración de La Escritura y este es para que sea útil para la preparación del hombre de Dios. Si tan solo definiéramos con este único texto, que es la inspiración de la Escritura, diríamos que: La inspiración es el atributo que Dios concede a la Escritura para que a través de ella una persona pueda ser instruida por Dios para hacer su voluntad.
2 Pedro 1:21. porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.
No se puede tratar este texto sin decir que el escritor viene hablando de un recuerdo cuando Jesús es transfigurado ante sus ojos y escuchan la voz de Dios que les dice: este es mi hijo amado en quien tengo complacencia, a él oíd. (Mateo 17:5). Luego, el autor se refiere a que tienen la palabra profética más segura, aquí tendríamos que deducir que habla de la Escritura, pero no es del todo claro en el momento, si con el versículo 20 donde dice directamente que se refiere a la profecía de la Escritura. Por lo cual, el autor habla respecto de la profecía de la Escritura como revelación de Dios al mismo nivel de cuando él escuchó la voz de Dios hablando de Jesús.
Posteriormente pasa el versículo 21, ya citado. Lo interesante aquí es que cuando se refiere a los santos hombres de Dios que hablaron inspirados por el Espíritu Santo, aquí no dice directamente que la Escritura es inspirada, sino que la inspiración estuvo con los profetas al momento de hablar, Martín Lutero comenta:
Lo que los profetas escribieron y proclamaron, no fue inventado por el hombre, sino por varones piadosos santos inspirados por el Espíritu Santo[10].
Esto quiere decir que existe un punto de unión entre inspiración y revelación, ya que los profetas tuvieron ambos al momento de profetizar. Otro punto importante, es que a no ser que se refiera a toda la Escritura como profecía, lo cual entendiendo la diversidad de géneros literarios es improbable, se estaría refiriendo exclusivamente a la sección del Antiguo Testamento que habla desde la profecía o como lo conocían “los libros de los profetas”. El punto que enfatizan académicos del Nuevo Testamento es que el mensaje en este caso es apologético, en el sentido de que tanto el origen de la profecía como su interpretación provienen de Dios[11], no siendo un asunto de interpretación privada que conduzca a una falsa doctrina.
Hacia un entendimiento bíblico de la inspiración
A partir de lo expuesto en estos dos textos bíblicos, podemos considerar que Las Sagradas Escrituras poseen una dualidad en su autoría, esto quiere decir que fue escrita por autores humanos, quienes fueron inspirados El Espíritu Santo, en lo que se constituye como el autor divino, esto ocurre tanto al momento mismo de profetizar como cuando escribieron.
Francisco Lacueva sostiene esta postura, considerando que el sentido técnico del vocablo de inspiración aplica tanto para los autores bíblicos como para la Biblia, en este sentido 2 de Pedro 1:21 afirmaría la inspiración en los autores, mientras que 2 de Timoteo 3:16 lo haría con cada libro de la Biblia[12].
Un elemento obvio que se desprende de las Escrituras es que existen una variedad de géneros literarios, como ya mencionamos, pero además de esto, cada libro presenta una forma de expresión particular de cada escritor. Por lo cual, se desprende lógicamente la idea de que Dios mantuvo las características y estilos propios de cada escritor, esto aún con la influencia de la inspiración divina. El destacado teólogo español Francisco Lacueva afirma esta postura:
Lacueva comenta que: En el acto de inspiración, el Espíritu Santo movía las facultades racionales (memoria, entendimiento y voluntad) del escritor, de forma que este, al ir usando esas facultades (recordando documentación, escogiendo palabras y empleando la fraseología adecuada), lo hiciese a impulso del Espíritu Santo, de forma que la Escritura- toda ella- tiene por autor a Dios (autor trascendente) y al escritor sagrado (autor inmanente = instrumento racional del Espíritu Santo)[13].
A partir de lo desarrollado en este capítulo, es que se aprecia que la Biblia habla acerca de si misma y se auto valida al afirmar que en su totalidad es inspirada por el Espíritu Santo, este acontecer ocurre tanto en el momento de la revelación como en el caso de los profetas como en el momento de ejecutar la escritura. Además, se desprende de sus mismas páginas que aun con el efecto de la inspiración obrando sobre los autores humanos, se mantienen sus habilidades y destrezas propias.
[1] Louis Berkhof. Teología Sistemática. (Editorial Libros desafío, Grand Rapids, Michigan. 2009). Pp. 38.
[2] Yadira Pérez. El pensamiento de Platón y Aristóteles como fundamento del estudio de la antropología
desde la perspectiva cristiana. Tesina, Alef University. Pp. 5.
[3] Berkhof, Louis. Teología Sistematica. (Grand Rapids Michigan: Libros desafio, 2005), 40.
[4] José M. Martínez. Hermenéutica Bíblica. (Barcelona. Clie, 1984).42.
[5] Ídem. 43.
[6] El Diccionario Expositivo Vine, define la palabra tehopneustos de la siguiente manera: (Theos, Dios; pneo, respirar). En el uso de este verbo, se significa que fueron <<llevados>>, o <<impelidos>>, por el Espíritu Santo, no actuando en conformidad con sus propias voluntades, ni expresando sus propios pensamientos, sino siguiendo la mente de Dios en las palabras dadas y ministradas por Él. W. E. Vine. Diccionario Expositivo de palabras del Antiguo y Nuevo Testamento. (Nashville: Editorial Grupo Nelson, 2007). 459.
[7] Raúl Zaldívar. Teología Sistemática, desde una perspectiva latinoamericana. (Editorial Clie, Barcelona. 2006) 133.
[8] Millard Erickson. Teología Sistemática. (Barcelona, editorial Clie, 2008). 235.
[9] Juan Calvino. Comentario a las Epístolas Pastorales. (Grand Rapids, Michigan, editorial Libros desafío, 2005). 289.
[10] Martin Lutero. Comentarios de Martín Lutero 1° y 2° de Pedro. (Barcelona. Editorial Clie, 2001). 192.
[11] Andreas J. Kosten berger, Lo Scott Kellum y Charles L. Quales. El Cordero y el León, una introducción al Nuevo Testamento. (B&H Publishing Group, Nasville, 2021). 349.
[12] Francisco Lacueva. Introducción a la Teología. (Barcelona. Clie, 1972). 182.
[13] Francisco Lacueva. Diccionario Teológico Ilustrado. (Barcelona. Clie, 2022).107.




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